Escolanía San Ignacio, (3ª parte) Japón 92

January 31st, 2008 | por carcamoster |

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(3er capítulo de las memorias de la Escolanía)

Y finalmente llegó julio. Julio de 1992; el año en el que todo iba a suceder.

Lo primero que sucedió es que cuando todo estaba previsto para salir en autocar hacia Madrid, para tomar el avión, coincidió que en San Sebastián se celebraba esos días la salida del Tour de Francia, con etapa prólogo y todo. La ciudad estaba cortada absolutamente al tráfico rodado. La salida del autobús estaba prevista a las 00:00 horas, pues el avión en Barajas lo teníamos sobre las 7 de la mañana. Finalmente nos permitieron, tras solicitarlo, quedar con el autobús en la Avenida de Navarra y pudimos salir sin problema. Era el 5 de julio de 1992.

Para la ocasión vestíamos todos unas camisetas que hicimos, con el nombre de la Escolanía y un mapa de Japón (del que se reirían mucho los japoneses pues figuraban algunas ciudades erróneamente colocadas). El viaje a Madrid fue bastante duro… pero todavía quedaban muchas horas de viaje.

Embarcamos con normalidad en un vuelo de Iberia que hacía escala en Moscú. En el aeropuerto de esta ciudad estuvimos como tres horas en el área de tránsito. La verdad es que era un espectáculo, casi cuarenta niños acampados en el suelo de la terminal, jugando, riendo… Todos los rusos nos miraban muy extrañados. Volvimos a embarcar y ya continuamos del tirón hasta Tokyo. Bueno, mejor deberíamos decir hasta Narita, que es el aeropuerto, pues lo que no sabíamos era que una vez aterrizar nos quedaban unas 4 horas más de atasco para entrar en la ciudad de Tokyo.

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En el aeropuerto encontraríamos a Tateyama y a Sakai, de los que ya no nos separaríamos en toda la gira. La entrada en Tokyo fue muy impresionante, pues la ciudad lo es. Aunque entonces pocos quedabamos despiertos en el autobús. Llevábamos ya 26 horas de viaje!!!

Llegamos al hotel, por supuesto el Metropolitan de Ikebukuro (siempre volveríamos al mismo en lo sucesivo). Un estupendo hotel en un céntrico barrio, justo al lado del Ikebukuro Art Space, que es un maravilloso auditorio en el que actuaríamos unas semanas más tarde. Recuerdo que como había que aclimatarse rápidamente al horario local, no podíamos dormir nada más llegar (eran las 4 de la tarde), había que aguantar despiertos hasta la noche. Por ello decidimos hacer una excursión alrededor del hotel, es decir, la vuelta a la manzana. Con muchísima precaución y sin perder de vista a nadie (37 niños). Pronto nos dimos cuenta que no existía peligro alguno y que podíamos andar por la calle con total confianza.

Nada más llegar, Txiki, Tateyama, Sakai y yo hicimos una reunión en la que recuerdo nos dieron toda la actividad programada para toda la gira. Y esto quiere decir, cada horario de cada día, cada ensayo, cada salida de autobús, cada horario de desayuno… todo. La improvisación no es algo que guste en Japón, y como veríamos más tarde todo se cumplió escrupulosamente.

Dos días después de nuestra llegada tuvimos nuestro primer concierto, que, si no recuerdo mal, tuvo lugar en el auditorio del Tokyo Geijutsu Gekijyo. Se trataba del auditorio de la universidad de Tokyo. El concierto fue muy bien. Y a partir de hay los conciertos se sucedieron vertiginosamente. Normalmente teníamos un concierto diario más desplazamientos de una ciudad a otra y en ocasiones incluso dos conciertos. En Japón es frecuente hacer conciertos en horarios un poco extraños para nosotros (4 de la tarde y así), con lo que era posible hacer doblete un dia.

A los pocos días de hacer conciertos por la prefectura de Tokyo y Yokohama, tomamos un vuelo hacia la isla de Hokkaido. En esta isla estuvimos dos dias y fue muy interesante. Participamos en el concierto inaugural de un parque de atracciones en Sapporo. En este concierto hicimos algo que, para nosotros entonces era insólito; cantar conjuntamente con otro coro… que estaba a 2000 km de distancia. Por supuesto a través de satélite. Detrás de la escolanía había una enorme pantalla en la que aparecía un coro que estaba en otra ciudad japonesa. Se supone que ellos me veían y cantaban conjuntamente con nosotros y todo sonaba a la vez. Esto en 1992 era brujería.

(continuará)

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